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XXIII Curso monográfico de psiquiatría infantil y de la adolescencia 2018 – Hospital 20 noviembre de ISSSTE

XXIII Curso monográfico de psiquiatría infantil y de la adolescencia 2018 – Hospital 20 noviembre de ISSSTE

Los trastornos del neurodesarrollo son un grupo de entidades patológicas que, como su nombre lo indica, se originan durante el periodo de desarrollo del sistema nervioso. Actualmente, en ésta categoría, se encuentran las discapacidades intelectuales, los trastornos de la comunicación, los trastornos del espectro del autismo, el trastorno por déficit de atención e hiperactividad/impulsividad, los trastornos específicos del aprendizaje y algunos trastornos motores, como los tics. Hasta el momento, se han propuestos múltiples teorías etiológicas y fisiopatológicas que expliquen su causa específica y las manifestaciones clínicas tan heterogéneas que los caracterizan.

 

A pesar de que los factores ambientales parecen influir sobre la evolución natural y el curso clínico de los trastornos del neurodesarrollo, la mayoría de las líneas de investigación han centrado su interés sobre los factores neurobiológicos involucrados. Así, se han logrado determinar anomalías en los procesos de migración, diferenciación y proliferación celular, los cuales contribuyen al desarrollo de una arquitectura neuronal disfuncional, sobre todo, en centros de integración de señales, como la corteza cerebral, los ganglios basales y el cerebelo, situación que explica gran parte de los síntomas que se aprecian en estas enfermedades.

 

Aunque existen diversas estrategias farmacológicas que logran mejorar los síntomas, en la mayor parte de los casos, deben mantenerse por tiempo indefinido. Ante ésta situación, la neurociencia han tenido que desarrollar alternativas de tratamiento que sean eficaces y seguras, y conlleven bajo riesgo de efectos secundarios, sobre todo, tomando en cuenta que este tipo de trastornos se identifican en población pediátrica y requieren de tratamiento desde etapas tempranas de la vida.  

 

La Estimulación Magnética Transcraneal (EMT) se posiciona dentro de las más prometedoras estrategias de tratamiento para algunos síndromes neuropsiquiátricos, incluidos los trastornos del espectro del autismo, el trastorno por déficit de atención/hiperactividad y los trastornos de la comunicación. La EMT consiste en la difusión de ondas electromagnéticas generadas por medio de una bobina colocada en la cabeza de los pacientes, para promover un adecuado funcionamiento de las neuronas que se encuentran en la corteza cerebral. Sabemos que éstas neuronas se comunican por medio de circuitos complejos con regiones más profundas del sistema nervioso central, por lo que de forma secundaria, se logran cambios en regiones distantes a la zona de aplicación.

 

Si consideramos que la desregulación de los circuitos neuronales genera la aparición de síntomas psiquiátricos, podemos esperar que modulando su actividad y logrando su restablecimiento, los síntomas en cuestión mejoren. Además de que la EMT ha demostrado reestablecer la función adecuada de los circuitos neuronales, desde la primera sesión incrementa el flujo sanguíneo cerebral, favoreciendo la oxigenación. También se ha descrito que la energía electromagnética promueve la liberación de factores de crecimiento neuronal, mejorando así algunas funciones mentales como la atención, la concentración y la memoria.

 

Las investigaciones actuales sobre EMT con fines terapéuticos, han evidenciado mejoría de los síntomas nucleares de los trastornos del espectro del autismo, como la comunicación social recíproca, las conductas esterotipadas y disrruptivas, y los síntomas de ansiedad comórbidos. Con respecto a pacientes con trastorno por déficit de atención e hiperactividad/impulsividad, se ha logrado mejor rendimiento cognitivo, mayor estabilidad afectiva y disminución de la intensidad de algunos síntomas propios de los trastornos mentales comórbidos, como los trastornos afectivos, de ansiedad y adictivos, con éste tipo de tratamiento.

 

Es importante hacer mención que la EMT no sustituye el uso de medicamentos, por lo que, hasta el momento, se considera un tratamiento adyuvante. Aún ahora, se requiere de mayor evidencia científica para ser considerada como tratamiento único, sin embargo, los resultados actuales apuntan a que en un futuro cercano, ésta opción terapéutica podría sustituir a otros utilizados y ser considerada como de primera línea para el tratamiento de los trastornos del neurodesarrollo.

 

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